SGM: Historia del super tanque T28

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SGM: Historia del super tanque T28

Por Alejandro Franco – contáctenos

Super tanques: monstruos de 100 toneladas o mas de peso, armados hasta los dientes, dotados de blindaje indestructible, y con una figura tan enorme como aterradora. El mito de los super tanques no lo comenzó con Hitler (y sus ideas disparatadas) en la Segunda Guerra Mundial: los rusos asignaron al ingeniero naval Vasily Mendeleyev en 1911 para que construyera uno, en vísperas del inminente estallido de la Primer Guerra Mundial (1914 – 1918). Si Mendeleyev no llegó a nada, es porque el diseño no era práctico y era excesivamente costoso. Lento, tosco, torpe, incapaz de superar rios o puentes, una mole de metal tan formidable como inútil.

La teoría del super tanque es que es un blindado capaz de resistir artillería enemiga, lo que compensaría su escasa velocidad para acercarse al blanco. En la Primera Guerra Mundial el concepto del supertanque era relativamente viable porque las armas de la época – a excepción de la artillería – no poseían gran poder de devastación. Los británicos también pensaron en uno – el Flying Elephant, una mole de 100 toneladas que el ingeniero inglés William Triton, autor del Mark I (el primer tanque operativo de la historia), comenzó a desarrollar en 1916 -, pero era demasiado lento y vulnerable a pesar del grueso blindaje (tres pulgadas en el frente, dos pulgadas en los costados y la parte trasera). Ir a 3.5 km por hora no era precisamente un aliciente para el proyecto, y mas considerando que la WWI se caracterizó por el exceso de terreno fangoso, el cual era una trampa mortal para el Elephant (aún cuando disponía de un segundo juego de orugas sobre la panza para evitar estancarse en el lodo).

En general ningún proyecto de super tanque pasó de la etapa prototipo. Apenas 2 Maus de 188 toneladas fueron completados por los alemanes antes de la derrota en 1945, y los disparatados proyectos de fortalezas móviles Landkreuzer (de hasta 1.500 toneladas!) jamas pasaron de la mesa de diseño. La historia demostraría que un tanque pesado con buen blindaje y buen motor (y no más de 70 toneladas de peso) podía cumplir perfectamente con el cometido, era mas fácil de producir y podía recorrer carreteras y puentes sin destrozarlos o corriendo el riesgo de tirarlos abajo. Por otro lado el descubrimiento de la bomba atómica cambió por completo las reglas de juego de la guerra; ¿de qué valía construir un monstruo super blindado si podía ser vaporizado en un instante por un dispositivo nuclear?. Porque en aquella época la ignorancia sobre el poderío atómico estaba a la orden del día – los militares aún pensaban que podían usarse dispositivos de pocos kilotones como recurso táctico en el campo de batalla, desconociendo por completo el poder nocivo de la radiación -, y habría que esperar a que pasaran décadas (y decenas de pruebas atómicas en todas partes del mundo) para que la comunidad científica pudiera desasnarse y aprendiera todo acerca de los devastadores efectos secundarios del poder del átomo.

Pero en 1944 nadie sabía lo que era una bomba atómica – y mucho menos, que estaban construyendo un par en la instalación ultrasecreta de Los Alamos – y, con el Japón en clara e inevitable retirada, resultaba obvio que para ganar la guerra habría que invadir físicamente las islas japonesas. Una perspectiva tan desagradable como sangrienta, y para la cual se habían comenzado a diseñar las primeras estrategias (que culminaron con el plan conocido como Operación Downfall, trazado para ser implementado a finales de 1945). Para ingresar en un territorio hostil infestado de 100 millones de enemigos – porque los aliados no descartaban que la población civil se sumara a una feroz resistencia militar y comenzara una guerra de guerrillas que duraría años antes de poder pacificar las islas -, se precisaba una fortaleza sobre ruedas… y es por eso que comenzó a diseñarse el T28, el supertanque norteamericano con el cual los aliados planeaban irrumpir en suelo nipón.

Poniéndose a la par de los impresionantes blindados alemanes

Ciertamente los estadounidenses se dieron cuenta tarde que su política de blindados – en especial el armamento con el que iban dotados – estaba desfasada frente a las formidables divisiones blindadas que presentaban germanos y soviéticos durante los años intermedios de la guerra. Así que comenzaron a desarrollar tanques pesados como el M26 Pershing (el primer tanque pesado americano), pero la demora de su desarrollo (sus primeros bocetos datan de 1942) hizo que recién viera acción en el año final de la guerra. El Pershing participó, por ejemplo, de la batalla por el puente sobre el río Remagen, pero ya estamos hablando de marzo de 1945. El M26 recién se luciría un lustro mas tarde en la Guerra de Corea (1950 – 1953) y aunque tenía el blindaje y el poder de fuego correctos, su engine no tenía el poder necesario para lidiar con los terrenos fangosos de la península coreana.

Mientras el Pershing tendría una participación segura en la planeada invasión del archipiélago japonés – concebida para finales de 1945 -, se pensó en un super tanque que fuera inmune a la mayoría de ataques convencionales, especialmente considerando el poderío de fuego nipón – dotado en su mayoría de tanques livianos y medianos, y con algunos cazatanques como el Type 3 Ho-Ni III con cañón de 75 mm -. Una fortaleza rodante que pudiera entrar con total seguridad en ciudades atestadas de enemigos y abatiera cualquier tipo de blindado que se le pusiera adelante mientras resistía el abate del fuego de artillería. Así se concibió el T28 en 1944; el proyecto inicial era de un cañón autopropulsado (el T95 con cañón de 105 mm) pero luego fue renombrado como super tanque T28.

Vista trasera del prototipo de super tanque T28, expuesto en el Patton Park

Vista trasera del prototipo de super tanque T28, expuesto en el Patton Park

La meta inicial era que el T28 entrara en servicio activo para 1945 y sirviera para penetrar la linea Sigfridola linea de fortificaciones que Alemania habia estado construyendo desde la Primera Guerra Mundial en el frente occidental, compuesta por 18.000 bunkers, túneles y trampas de tanques -. Vale decir, un tanque para asalto con efectiva capacidad de fuego para perforar concreto y fortificaciones de grueso calibre. La idea inicial era construir 20 tanques pero, cuando el primer prototipo estuvo listo en Marzo de 1945, el fin de la guerra con Alemania era inminente. Se rearmó el plan y se redujo la producción a cinco unidades, dos de las cuales quedaron terminadas antes de la cancelación del proyecto.

El tema es que el T28 tenía muchos problemas operativos. Era caro de mantener, era excesivamente lento (13 km/h), y el motor se rompía con facilidad (un Ford V8 de 500 HP). El período de testeo fue tan largo que pasó la fecha limite de diciembre de 1945 para entrar en operaciones (cuando debia haberse iniciado Downfall), y seguían haciéndose pruebas en 1947 sin lograr que el T28 funcionara como corresponde. El primer prototipo se prendió fuego – debido a un daño en el motor – y quedó inservible. El segundo prototipo siguio en testeo hasta Octubre de 1947 cuando decidieron cancelar el programa. Para esa época los americanos ya tenían tanques pesados operativos – como el T29 y el T30 – que, si bien no pasaron de una producción limitada y casi experimental (del T30 apenas se hicieron 8), sirvieron de base para el desarrollo del tanque pesado M103,  ya diseñado para los requerimientos de la Guerra Fria y cuyo cañón de 120 mm podía eliminar tanques pesados soviéticos desde largas distancias.

Obsoleto desde el arranque – no podía cruzar ningún tipo de puente, carecía de potencia para derribar obstáculos de gran calibre y tan lento que lo volvía un blanco fácil de blindados enemigos, amén de tener un cañón fijo de escasa movilidad en vez de una torreta como la de un tanque convencional -, el T28 sólo sirvió como base de pruebas de blindaje y armamento, datos que ayudaron a la construcción de blindados mas modernos y operativos. Hoy el único T28 sobreviviente se encuentra en el predio conocido como Patton Park, un campo donde se montará una exhibición permanente de blindados de todas las épocas y que recién abrirá sus puertas en el 2020.